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Memorias Orales

 
 
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Memorias Orales Adaptadas a la Animación

GUSTAVO  IDROVO

Una primera lección al desarrollar los bocetos de los personajes, fue que ellos tienen una manera de verse, sus rasgos son peculiares, así que mis dibujos al inicio fueron blanco de críticas porque ellos tienen una idea clara de su apariencia. Entendí que este trabajo debía enfocarse desde un punto de vista alejado de mi interpretación, así fue cómo supe que debía escuchar más y observar, convertirme en receptor y respetar lo que muchos años les ha costado conservar; su cultura, su lengua y su identidad.

La información se convierte en imágenes

Los dos días de recolección de información visual, se basaron principalmente en la documentación fotográfica de los diferentes ángulos de la población. Iniciamos con un storyboard primario con la descripción de los diferentes planos que componen la historia, además, para tener una idea de la locación que nos servirá para los fondos en la animación, tipo de árboles, materiales, diseño de casas, etc. de la región. Asimismo, los colores de la ropa, su forma de vestir y sus bailes fueron capturados por la cámara para referencias a la animación. Durante el recorrido, en una de las pausas de información, Teodoro Rivadeneyra quién dirige el turismo de la localidad de Shiripuno, nos contó de una gigantesca piedra que fue encontrada años atrás al momento de escavar, en ella se puede distinguir ciertas formas de animales diseñadas naturalmente, decidieron en ese momento dejarla intacta y únicamente limpiarla para que las siluetas de animales, tigres, aves y pumas se queden ahí. Esa gran roca era una señal de vida para ellos, hoy en día esa roca es muy respetada y adorada por la comunidad.

Por la tarde Teodoro nos llevó por un pequeño sendero que rodea a la comunidad para enseñarnos árboles, insectos, mariposas y flores del lugar. Mi novatada de la selva fue la de caminar en sandalias y a la mitad del camino vi como unas hormigas comenzaron a subir por mis pies, al experimentar el primer dolor de sus picadas intenté quitarlas con mi mano, lo que hizo enfurecerlas más y volcarse a dejar su ponzoña en señal de dominio, Corrí alejándome de ese lugar lo más rápido que pude y acertadamente se me ocurrió dirigirme al río que bordea la comunidad, el río Napo fue mi salvador, mientras el agua aliviaba el dolor, reflexioné mi situación: es posible que el “Wiry Wiry” me hizo experimentar una porción de esos insectos que
pican.Ya en Quito, el equipo de animación se puso a trabajar; este proyecto se lo realizó con alumnos de la carrera de Animación Digital de la Universidad San Francisco de Quito y durante el proceso de producción, decidimos no dibujar los fondos y utilizar las fotografías para que sean el escenario donde tiene acción la animación.

La animación tradicional es un proceso de crear imágenes en movimiento cuadro a cuadro, es decir que todos los movimientos son dibujados hasta completar la acción. El animador canadiense Norman McLaren dijo alguna vez “Lo más importante es cómo se mueve y no qué se mueve”. McLaren se refería a que el público aprecia un movimiento creíble y su realización aunque muchas veces exagerada, el público puede llegar a aceptarla como parte de esa realidad que está observando, y no tanto si el personaje es muy realista, porque fácilmente el animador puede dar vida a un objeto, un lápiz o un cuaderno; sus movimientos y la emotividad son los que expresarán una comunicación convincente. Esto es lo que queríamos lograr cuando empezó el trabajo de animación, que los movimientos comuniquen la acción. La mayoría de los dibujos se realizaron a lápiz y se dibujaron aproximadamente unos 10 dibujos para un segundo de animación, otros se dibujaron digitalmente, directamente en la pantalla del computador. El cortometraje se terminó en unas siete semanas en las que se incluyó el color, edición, musicalización y efectos de sonido, todo este trabajo realizado bajo mi dirección en animación, para la clase de Producción de Animaciones como parte del proyecto final de clase. Cada uno asumió este trabajo con diferente visión, la experiencia de contar una historia kichwa en animación resultó un despertar de interés por conocer más acerca de historias indígenas, y no solo eso, me permitió valorar cada una de sus vivencias.

Luego del “Wiry Wiry” vinieron muchas otras historias animadas en diferentes lenguas indígenas, siempre dentro del Proyecto Oralidad Modernidad. Aquel inicial contacto con una comunidad amazónica y el haber participado en esta historia, me permitió tener más conciencia de cuánto tienen por contar las nacionalidades que habitan en nuestro país y de cuánto podemos aprender de ellas. Muchas lenguas se encuentran en peligro de desaparecer, y sólo el tiempo les dará esa oportunidad de permanecer y pertenecer por muchos años más con nosotros. El despertar memorias orales indígenas a través de la animación, permite conocer su cultura y saberes a través de la imagen en movimiento, un proceso que puede llegar a sorprender por el contenido de drama, color, formas y actuación de sus personajes. Desde que Windsor McCay emocionó al mundo en 1914 con “Gertie el Dinosuario”, la animación sigue provocando y despertando toda una serie de sensaciones y emociones en el público. Quizá en algún momento esta técnica de comunicación logre despertar ese interés para reconocer que las nacionalidades y lenguas indígenas del Ecuador son parte de ese legado que nos ha formado en la historia.

Respetarlas, protegerlas y conocerlas es lo menos que podemos hacer por ellas, y si desde la animación podemos llegar a situarlas en nuestra geografía, y ser un aporte para que se mantengan con nosotros, que así sea, porque todos pertenecemos a esas memorias ancestrales.